Traductor

miércoles, 8 de marzo de 2017

Noche de pesadillas

Entre vuelta y vuelta, encogida por el frío, toda una noche sin poder dormir, con la persiana completamente bajada ni una gota de luz se colaba por la ventana. Las paredes, aunque amarilla, entre tanta oscuridad se veían negras. El silencio se encontraba sepulcral, nadie hacía ruido, ni un solo ronquido, todos permanecían dormidos, excepto yo.

Mirando fijamente al interruptor de la luz que hay en la pared, veo cómo empiezan a ondear líneas de colores fucsia, rojo y verde que crecen, como si estuvieran trepando, para llegar al techo. Incrédula, parpadeé fuertemente los ojos. Al abrirlos esas líneas serpenteantes habían desaparecido, extraña de mí solo pensé que una vez más mi imaginación y la falta de sueño me habían jugado una mala pasada. Para no pensar más en ello pienso que lo mejor es girarse hacia el otro lado. Mantengo los ojos cerrados, no por mucho tiempo, intentando conciliar el sueño. Al abrirlos noto cómo una sombra se mueve por la habitación. No puedo hacer más que abrir los ojos a la vez que mi respiración se vuelve agitada. Trato de pensar que de nuevo, entre tanta oscuridad, se trata de algo simple de mi imaginación. De pronto, se escucha suavemente cómo una puerta se abre. Sin embargo, ninguna luz se enciende ni se escucha ningún paso. Prestando más atención, noto una suave brisa chocando en mi cara, ante esto intento ver si la ventana está abierta. Pero descubro que no puedo moverme, estoy totalmente paralizada. Altamente angustiada mi respiración se vuelve cada vez más agitada. Centrada en intentar moverme, veo parcialmente la silueta de una mano subir desde el suelo. Cada vez puedo respirar menos, y lo único que puedo mover son mis ojos. De repente un fuerte olor a incienso inunda la habitación. Nerviosamente mantengo la mirada fija en la mano, que poco a poco se va acercando cada vez más y más a mí. Sube lentamente por mi brazo, casi imperceptible al tacto, hasta llegar a mi hombro, donde se detiene por unos segundos. Definitivamente, se corta mi respiración, ya no puedo inhalar ni exhalar. Parpadeo y al borde de mi cama veo una cara. Aunque está totalmente oscuro su cara parece tener una leve luz propia y consigo verla en tonos grisáceos. Tiene aspecto de anciana con varias arrugas en la frente, los ojos y cerca de la boca. Lleva el pelo suelto y rizado, camuflándose este con un velo como el que llevan las novias, con la particularidad de que este es totalmente negro. Por unos instantes nos miramos a los ojos, entonces me sonríe con maldad en su mirada. Las lágrimas están a punto de brotar a mis ojos y al mismo tiempo noto cómo mi cuerpo pide desesperadamente oxígeno.

Un parpadeo hace que todo desaparezca y por un breve instante puedo volver a respirar pero, al siguiente parpadeo…su cara está a centímetros de la mía, me sujeta el cuello sintiéndose un gran cosquilleo, como si algo me invadiera por dentro. Intento moverme pero nada funciona hasta que al fin algo me da esperanzas, puedo mover los dedos de los pies. En lo que mi cerebro procesa que necesita moverse la anciana comienza a gesticular palabras que no entiendo, acercándose poco a poco a mí. Cuando su nariz rozó la mía, conseguí mover mi brazo derecho seguido de un grito de desesperación. Pero ella desapareció.

Al siguiente parpadeo todo estaba como al principio, estaba prácticamente asfixiándome. Me senté en la cama, encendí la luz, mirando a todas partes todo estaba normal. Busco mi móvil debajo de la almohada y veo que solo han pasado 20 minutos desde la última vez que lo miré. Totalmente confusa pensé ¿Cómo es posible que hayan pasado tan solo unos pocos minutos? De repente, noté esa brisa que me era tan familiar, esta vez en el cuello, como si alguien soplara suavemente hacia mi nuca. A punto de llorar y prácticamente temblando me giré pero, no encontré nada. Aliviada exhalé cerrando los ojos y llegando a marearme un poco. Aún se me dificultaba la respiración.

Esa noche no pude volver a dormir. Hasta las 6 de la mañana, que mis ojos vieron la luz natural del día, no me pude sentir en paz conmigo misma. Por fin pensé que con los rayos de sol invadiendo mi habitación todo mal o cualquier tipo de imaginación negativa se desvanecería.


Ilusa de mí, quise creer demasiado en esa idea…