Traductor

lunes, 14 de diciembre de 2015

A las puertas de la libertad

Segunda parte de Huída hacia la libertad

Los ladridos de los perros se hicieron más sonoros. Se sienten cada vez más las balas chocar a nuestro alrededor contra los árboles. Ante nuestros ojos el bosque parece haberse hecho más frondoso, las raíces de los árboles parecen no querer colaborar. El viento que hace unos segundos sentía sobre mi cara desaparece, en su lugar hay barro. Estoy en el suelo, pero he de hacer un último esfuerzo. Luisa, que se acaba de dar cuenta de mi caída intenta retroceder, pero una bala que pasaba cercana a ella la desconcierta haciéndole perder el equilibrio y chocándose contra el árbol que hay a su derecha. Entre tanto yo ya estoy medio levantada y sin pensarlo dos veces continúo a mi carrera. Aunque mi velocidad se ve algo afectada por la herida que me acabo de hacer en la rodilla, en pocos pasos tengo a Luisa al lado y la cojo por el brazo izquierdo. Su mirada refleja terror y desesperanza. Lo que me provoca gritarle- ¡No podemos rendirnos, ya queda muy poco! Parece recobrar su fe puesto que ahora corre como un demonio.

Y por fin, estamos en la verja. Una aterradora verja que amenazaba con estar electrificada. La adrenalina del momento no me deja pensar con claridad, pero no parece tener el mismo efecto sobre Luisa, a quien de repente veo correr hacia un árbol. Solo puedo reaccionar de una manera -¡Luisa, pero qué coño haces! Sin embargo, en cuanto veo que tiene una rama en la mano consigo comprender. Solo hago girar la cabeza para ver cómo la rama impacta contra la verja. No saltaron chispas ni ocurrió nada extraño, así que decidimos arriesgarnos y empezar a escalar. El frío se cala en nuestros huesos y la niebla antes espesa se disipa dejándonos en total desventaja. La verja helada provoca que nuestros dedos enrojezcan. Ya son unos 5 metros los que hemos escalado de 7, cuando de repente Luisa cae unos metros por debajo de mi. Por suerte, solo fueron un par de metros. Mirando hacia abajo, me doy cuenta de que los perros ya han llegado a la verja, por lo tanto los guardias no tardarán en llegar. No me he movido, pero para mi sorpresa Luisa tampoco.
-¡Luisa por el amor de Dios, muévete por favor!
+¡No puedo! (grita entre sollozos)
-Vamos Luisa, esto va a ser lo último, te lo prometo.

Mi expresión queda aliviada cuando veo que empieza a subir. Pero poco tiempo habría para algo de felicidad, ya que de pronto una bala choca contra la verja. Tenemos que darnos prisa. Una vez Luisa me da alcance avanzamos juntas. El sonido de los perros parece que retumba en mis oídos cada vez más fuerte haciendo que no logre escuchar mis propios pensamientos. Necesito parar, me sacudo la cabeza y vista queda al frente, entonces a través de los agujeros veo que se filtra algo de luz, no es una luz demasiado potente pero me da esperanzas y la fuerza necesaria para animarme a mí y a mi mejor amiga. Una bala que impacta sobre la verja me saca de mis pensamientos.
Luisa comienza a gritar: ¡Ya estamos, lo hemos logrado. Solo queda saltar! En pocos segundos estoy con ella, mi expresión de alegría me hace mirar el cielo negro. Demasiado negro, a lo lejos siento que la niebla se disipa ante mi durante un momento para permitirme ver por última vez la cárcel en la que viví.
+¡A qué esperas, tirémonos!
-Vamos a por ello (le digo sin dejar de mirar al horizonte que parece volver a nublarse)
Con una sonrisa me giro hacia ella y asiento con la cabeza, dando la señal para saltar. Primero salta ella, dirigiéndose a un árbol, al que por suerte consigue sostenerse. Y poco a poco desde la punta de la rama a la que está sujeta intenta acercarse al tronco. Sé que es mi turno, con poco resultado intento erguirme sin dejar de sujetarme. No me atrevo a mirar al suelo, y no puedo evitar hacer un pequeño rezo a Dios. Por fin decido lanzarme, el aire me da en la cara, nada me sujeta los pies, mis brazos se mueven libremente en el espacio. Los dos segundos que se está en el aire me parecen toda una eternidad, pero no es lo que más me preocupa. Estoy sujeta a la rama, lloro de felicidad me duele la pierna pero supongo que es por la caída anterior. Sin embargo los gritos de Luisa me hacen pensar que se trata de algo peor. Mientras avanzo lentamente hacia el tronco del árbol intento mirar qué le ocurre a mi pierna izquierda. Estoy sangrando. Miro al cielo que de forma extraña ya no está tan negro, siento los ojos cansados, sin poder evitarlo se me cierran haciéndome sentir que la cabeza me da vueltas, que aunque no esté viendo nada todo está girando a mi alrededor. Mis brazos se debilitan, mientras las astillas se me clavan entre las manos. Abro los ojos, caigo y escucho un grito que supongo que es de Luisa. Increíblemente el suelo está más cerca de lo que pensaba, ya que la caída duró muy poco tiempo y Luisa consiguió hacer mi caída menos dolorosa al cogerme con los brazos y caer encima de ella. Pero estamos bien, bueno, dentro de lo que cabe. A penas puedo levantarme, me duele demasiado la pierna. Luisa me coge por los hombros y me ayuda a hacerlo, en eso momento, agudizo mi oído para comprobar que nada se escucha, ni si quiera las criaturas nocturnas del bosque parecen querer estar presentes.
 
No sé qué hora será, pero empiezo a ver algo de claridad en el cielo, pronto amanecerá así que nos apresuramos en nuestro camino. Luisa me ayuda a caminar sosteniéndome el brazo, no puedo evitar girarme hacia ella y sonreírle. Al momento se gira hacia mí y me pregunta:
+¿Qué te pasa, por qué sonríes?
-Muchas gracias, sin ti esto no hubiera sido posible
+Te quiero…
-Yo también a ti amiga
+Venga cuanto más nos alejemos de aquí mejor
Tan pronto como ha aparecido se ha esfumado su sonrisa para mirar seriamente hacia el final inexistente del bosque. Tras unos 15 minutos caminando encontramos una cueva, nos miramos a los ojos para a continuación mirar a la vez la cueva y entre risas caminamos hacia ella. Es pequeña, pero al menos nos sirve para escondernos. Luisa me ha tumbado  y ahora está buscando una roca para que yo pueda apoyar la pierna y dejarla en alto. Cuando llega trae consigo unas cuantas ramas, una de ellas con una pequeña luz en la punta.
-¿Quieres que te ayude?
+No, tú descansa
+Gracias Luisa, eres la mejor
-No, esa eres tú. Me dice mientras termina de colocar las ramas en la entrada de la cueva, consiguiendo encender un pequeño fuego. Seguidamente con una sonrisa se acerca a mí y delicadamente coloca mi pierna herida encima de la roca. Se sienta a mi lado mirando a la nada. Cierro los ojos y siento pinchazos en la cabeza, pero el cansancio es mayor. Abro los ojos para descubrir a Luisa a unos centímetros de mí mirándome fijamente…

Continuará...

jueves, 1 de octubre de 2015

Huída hacia la libertad

Simplemente no sabía que la felicidad sentase tan bien. Reír, saltar sin temor a las posibles represalias.
Cruzamos la verja que significaría nuestra libertad. Pero antes de eso…

Ya son las dos de la mañana, tras un largo día picando piedras era difícil mantenerse despierta, pero ver cómo mi compañera resiste, hace que me esfuerce más. Estamos vestidas con un mono negro, viejo y sucio. En nuestra habitación somos más de 200 chicas, sin derecho a privacidad, sin derecho a opinión, sin derecho a nada. Ninguna sabe por qué están aquí, ni recuerdan nada de su infancia o vida anterior a esto. Aunque se rumorea que hubo una chica que lo averiguó todo, contó a las demás el secreto, e intentó luchar por salir de aquí. Encontró una manera de escapar, el bosque, el cual llevaba a una altísima verja que nos separaba del mundo exterior. Pero la descubrieron, tras lo que pareció una cacería en  el bosque la capturaron y torturaron hasta la muerte. Dicen que echaron su cadáver al bosque para que fuera comida por los animales que lo habitaban.

El plano con el que había trazado su ruta de escapada lo encontramos hacía un tiempo en una de las cisternas del baño, y lo mantuvimos oculto. Ahora, lo tenemos en nuestras manos revisándolo una y otra vez para no cometer ningún error. Sí, hemos descubierto todo el mal que ataña a este lugar y sabiendo todo esto, no podemos permanecer aquí. Seguiremos los pasos de aquella chica, intentando evitar sus errores. Ella fue la única que intentó escapar y tras saber lo que ocurrió después lo jefes no creerían necesario poner más seguridad, al menos tenemos esa esperanza, además eso ocurrió hace 15 años.


Minutos previos a nuestra escapada, no sé si hubiera preferido seguir siendo una ignorante y no pasar por todo esto.
Hacía una semana, Luisa y yo nos habíamos saltado el horario de la cena, de camino a nuestra habitación para que no nos pillaran tuvimos que escapar por uno de los pasillos prohibidos. La intriga enseguida se hizo con nosotras, dotándonos de la valentía suficiente para entrar por una de las más de 20 puertas que había en ese largo pasillo.
Sinceramente, esperábamos un lugar lleno de artefactos tecnológicos o armas. Sin embargo, para nuestra sorpresa lo único que llenaba esa habitación de unos 20 metros cuadrados era un ordenador cuya pantalla medía 52 pulgadas. No podíamos marcharnos de allí, sin curiosear aunque sea un poco, así que nos dispusimos a averiguar qué habría en ese ordenador. Luisa movió el ratón y la pantalla gigante se iluminó mostrando lo que parecía ser una base de datos de todas las habitantes de este lugar. Boquiabiertas no podíamos articular palabra pero nuestras miradas parecían comunicarse perfectamente, puesto que en seguida Luisa comenzó a teclear nuestros nombres. Y ahí estaba todo nuestro "historial", nuestra vida anterior, cómo y por qué fuimos reclutadas en este campo de tortura y trabajo. Teníamos madre, padre, hermanos… Habíamos sido capturadas por una organización criminal, que trabajaba para crear caos en el mundo, continuas guerras y conflictos, una fábrica de asesinos. Y pronto nos tocaría a Luisa y a mí dar el paso mayor, nos implantarían un chip con el que controlarían nuestra voluntad. Ventaja: saldríamos de esta cárcel, desventaja: seríamos asesinas en serie no conscientes de nuestros actos.

El reloj del techo marcaba las 2:07, en tres minutos tocaría el cambio de guardia, teníamos 1 minuto para recorrer 4 pasillos diferentes para llegar a la puerta que llevaba al patio.
Las 2:10, el pasillo está oscuro y desolado, así que nos decidimos a avanzar. Nos deslizamos haciendo el menor ruido posible, parece que ya ha pasado el minuto porque se escucha a los nuevos guardias acercarse. Sin más remedio, nos escondemos en una de las habitaciones. En esta había cientos de cajas, pero no es hora de ponerse a observar el lugar, nuestra única preocupación es afinar el oído. Cuando sentimos que ya han pasado trato de abrir la puerta lentamente. Despejado, así que continuamos nuestra ruta.

Una vez en el patio, escalamos el muro que nos separa del bosque. Gracias a unas cuerdas y las ramas de los árboles que sobresalían logramos pasar al otro lado. Pero ahora viene la parte difícil, ante nosotras se presenta lo que parece un inmenso bosque sumergido en una oscuridad absoluta, que ni la Luna podía alumbrar. Una suave niebla recorre la parte baja y a pesar del frío continuamos. Empezamos a caminar, a penas han sido 50 metros y de pronto una fuerte alarma suena en el patio, nos giramos y vemos cómo los potentes focos iluminan el patio y el edificio. No tardamos en escuchar perros, sonidos de cadenas… Dejamos de mirar atrás para mirarnos a los ojos, cualquier expresión de alegría que podríamos haber tenido se habían  esfumado. Seguidamente miramos hacia el frente y parecía que nuestro futuro se decidiría en un recorrido campo a través. Nuestros instintos nos indicaban que sufriríamos la peor carrera de nuestras vida, pero por la libertad, merecía la pena todo el riesgo que estábamos pasando.
Poco después de comenzar la carrera, miré atrás para comprobar con mis propios ojos la peor de mis pesadillas, ahí estaban decenas de cretinos, algunos nos apuntaban con sus armas, entre ellas revólveres, metralletas y hasta escopetas. También hay unos 8 perros que velozmente nos están dando alcance.
Vuelvo a mirar al frente y solo puedo gritar: ¡corre Luisa, corre! Los ladridos de los perros cada vez son más cercanos junto con los sonidos de las balas intentando llegar a nosotras.
No sé de dónde sacamos las fuerzas pero corremos aún más rápido a pesar de nuestros continuos choques contra las ramas de los árboles. Lo único que sabemos es que al final saltaríamos la verja y todo habrá acabado. El problema es que no sabemos qué distancia nos queda para llegar hasta ella y si nuestros cuerpos soportarían toda esta tensión, el sufrimiento, el dolor.

Un bum, me saca de mis pensamientos. Temiéndome lo peor me giro hacia Luisa, sigue corriendo a mi lado, pero un hilo de sangre hace que salten en mí todas las alarmas. Una bala le había rozado la parte superior del brazo. De repente grita: ¡la verja, ahí está! Y efectivamente, a tan solo 500 metros. Nos miramos y la euforia se hizo con nosotras.

martes, 4 de agosto de 2015

Una despedida

Estamos en un cuarto oscuro, los médicos dijeron que sería mejor que hubiera poca luz. No es una habitación muy grande, pero es suficiente para las dos.
Hoy ocupas el lugar que un día ocupé yo, sin embargo tú no volverás a levantarte de esta cama. Miro tu mano que se aferra fuertemente a la mía, percatándome del ligero olor a canela que recorre la habitación y tan buenos recuerdos de mi infancia me evoca. Vistes una bata rosa del algodón más suave que haya podido tocar, como siempre te ha gustado.


Ojalá pudieras darte cuenta de lo que ocurre. Sigues con los ojos cerrados mientras la respiración se vuelve cada vez más pesada. Pensativa me giro hacia la derecha para observar con detenimiento los cuadros, colgados sobre la blanca pared. Hay muchas fotos nuestras, juntas, separadas, con más miembros de la familia… ¡Fueron buenos tiempos! (Pienso con cierto tono de amargura). Por ese entonces tú cuidabas de mí. No puedo evitar derramar una lágrima al recordar que ahora los papeles quedaron invertidos. De nuevo giro sobre mí misma para quedar enfrente tuyo, sin moverme de la silla para permanecer lo más cerca posible de ti.

Por momentos gritas, sin energía, todo palabras inteligibles. Cada vez te cuesta más respirar. Y de repente como en un suave suspiro abres los ojos. Esos ojos que un día brillaban e iluminaban el mundo, ojos que un día mostraron felicidad. Ya no les queda nada de aquello, se han vuelto opacos. Fijo mi mirada en tus ojos para murmurar: sé que no sabes quién soy, pero te quiero y jamás te dejaría sola. Sin desviar la mirada, la nostalgia da paso diversos recuerdos que rápidamente invaden por completo mi pensamiento. Esas tardes en el parque, las mañanas de cocina…

De pronto me doy cuenta de que he dejado de respirar. Lágrimas amargas comienzan a brotar de mis ojos, las cuales rápidamente recorren toda mi cara, lo que hace que me mires con dulzura. Por un segundo pareciste recordarme y lo más importante, sentirte en paz. Mi mirada sigue fija en la tuya. Haces una mueca que se asemeja a una sonrisa y lentamente cierras los ojos para echar tu último aliento.

Tu mano deja de sostener la mía y el pecho ya no se mueve al compás del corazón y la respiración. Me levanto de la silla tratando de contener las lágrimas, pero no lo  consigo y me convierto en un mar de lágrimas. No me queda más que darte las gracias por todo.

Como siempre te recordaré...

jueves, 4 de junio de 2015

Relato de una guerra

    Abro los ojos y me doy cuenta de que la luz del sol ya ha invadido la habitación. Un día caluroso de verano, se avecina. Siento que me pesan las ojos, algún día tendré que deshacerme de este viejo colchón lleno de chinches. Pero eso no es lo único que me ha tenido en vela toda la noche, las pesadillas siguen presentes noche a noche, esa maldita guerra. Todavía siento escalofríos por esos recuerdos que tienen la fuerza del presente.

    En un flashback puedo ver cómo se llevaron a mi padre. Minutos antes de su marcha envolvió mi cara entre sus manos, mi corazón latía con fuerza, pues no entendía por qué mi padre nos abandonaba. Entre lágrimas y tartamudeos suplicaba por que no se fuera. Cuando consiguió tranquilizarme limpió las lágrimas de mis mejillas, acto seguido me miró a los ojos y prometió que volvería. Pero nunca lo hizo.

    Poco después fue mi madre. Ella estaba en el salón de casa tejiendo y mientras, a su lado yo jugaba con los hilos. Me gustaba jugar a hacer formas, a pesar de que mi madre me repitiera una y otra vez que los hilos no son juguetes. Y yo le replicaba que no teníamos ningún juguete. Nuestra última discusión, en la que tampoco estábamos muy enfadadas. Pues nos reíamos de las formas (deformes) que yo conseguía con los hilos. Se escuchó a alguien golpear la puerta y en un pestañeo unos hombres de piel pálida entraron hablando una lengua extranjera. Todos tendrían la edad de mi madre, unos 30 años. Me di cuenta de cómo uno de ellos se fijó en mi madre, en un gesto rápido y enérgico la cogió por la cintura y la cargó en su hombro llevándosela a una de las habitaciones. En ese momento mi expresión no era otra que la de sorpresa. No veía lo que sucedía ahí dentro, porque el hombre cerró la puerta. Sin dejar de mirar la puerta de la habitación solo escuchaba que los hombres que se quedaron fuera hablaban rápido, con cierto tono de desesperación. Al minuto, o menos, unos gritos desgarradores se escucharon en toda la casa. ¡Mamá! Como si fuera una señal los demás hombres empezaron a destrozar la casa, el suelo, los pocos muebles, todo, quedó a pedazos. No hicieron falta más de dos minutos, al paso de ese tiempo ya no había gritos. Yo estaba estática en un rincón echa una bolita, creyendo que así no me verían. Hubo un momento en el que vi a uno de mis hermanos asomarse por la puerta de la otra habitación e intenté hacerle señas de que se escondieran sin que los hombres me vieran.

    De repente sentí que había demasiado silencio, de los 5 hombres que había solo se quedó uno. Estaba de pie, a unos 5 pasos, mirándome directamente a los ojos. Cuando lo escuché ¡Bum! Fue como si la sangre se me hubiera congelado, mis ojos se abrieron tanto que me dolían. Sin embargo, el hombre ni se inmutó y continuó con su vista fija en mí, hasta que la puerta de la habtiación en la que se metió su compañero con mi madre se abrió. Una sonrisa de victoria salía de esa habitación con ropa llena de un líquido rojo. Pero no salió él solo, con la mano izquierda arrastraba a mi madre que tenía un enorme agujero en la sien. El hombre que me miraba se le acercó y el que llevaba a mi madre me miró de reojo para después señalarme con el dedo. Mientras él salía con el cuerpo de mi madre, ahora en brazos, el otro permaneció, se giró en mi dirección y una sonrisa pícara apareció en mi interior. En lo que para mí fueron milésimas de segundo ya estaba a mi lado y con un golpe mi cabeza retumbó en el suelo, intenté levantarme pero un inmenso dolor se propagó no solo por mi cabeza, sino por todo mi cuerpo. Aprovechó mi incapacidad para moverme y me movió para que mirara al techo, una vez es esa posición, me arrancó toda mi ropa. Pronto un dolor atroz se hizo con todo mi cuerpo, no lo pude soportar y me desmayé.
Pasaron 2 horas para que me despertara, cuando lo hice estaba rodeada de médicos y ¿militares? los primeros minutos fueron confusos, pero escuché claramente que hablaban de una guerra "sigilosa".

Semanas después el país estaba en guerra de manera oficial, por así decirlo, y en ese momento me di cuenta del por qué de los acontecimientos anteriores.

No volví a ver a mis hermanos, tampoco llegué a saber qué fue de ellos.

Fin del flashback

    Diez años después, vivo sola con mi hija.
El único trauma que me quedó es que no se me podían acercar hombres jóvenes. Cada vez que tengo estos recuerdos, que son casimente a diario, mi corazón se acelera y mi cara se ve inundada por las lágrimas. Trato de recordarme a mí misma, que solo es el pasado y ahora no debo dedicarle mucho tiempo a recordar, he de cuidar de mi niña. Me levanté de la cama, abrí la ventana y en seguida una peste a campo recorría la habitación a sus anchas. Pero no fue en eso en lo que me quedé pensando. A lo lejos consigo divisar lo que me parecen unos aviones militares. Una oleada de gritos se empezaron a escuchar desde lejos. Instintivamente corrí a por mi hija y nos escondimos en una especie de cueva que excavé en la casa, en la cual habían algunos alimentos y agua. Kimara cree que se trata de un juego y yo le sigo la corriente, porque no quiero que lo pase mal. Y aunque en mi cara se pueda ver una sonrisa, mis pensamientos son todo lo contrario a felicidad, porque sabía que los aviones y los gritos avecinaban otra guerra.

¿Cúando acabará tanto dolor?

miércoles, 25 de febrero de 2015

Piedras en la ventana

No puedo parar de dar vueltas en la cama, esta almohada es demasiado incómoda. ¡Puta basura barata! Sin embargo la tranquilidad de la noche me da un margen en lo que es la ajetreada vida para reflexionar. Todo está oscuro, la única luz que mis ojos distinguen es la franja que se cuela por las persianas que proviene del patio de luces.
Tic tic, tic tic. Escucho ese sonido que me altera, parecen piedras en la ventana. Decido no pensar en ello, será el viento, me digo a mi misma para quitarme esa preocupación de encima. Siempre he tendido mucho a la imaginación y en este caso no podría salir nada bueno de ella.
Mi mente se sumerge en los proyectos del mañana, todo lo que puedo hacer que no hice ayer. Pienso en esas frases que una y otra vez nos dicen los triunfadores, el éxito se alcanza con el esfuerzo. Es curioso, el hecho de que si no triunfas te dicen en la cara que no te has esforzado, cuando es posible que hayas sido el que mas empeño haya puesto en lo suyo. Pura suerte, y lo gracioso es que los únicos que dicen que con esfuerzo se llega al éxito son los que han triunfado, ninguno de los que se ha quedado por el camino escucho que lo diga. Pobres desgraciados, algún día se darán cuenta de lo cruel que es la vida en muchos sentidos.

Tic tic. ¿Pero qué narices es ese maldito ruidillo en la ventana? Mi mirada antes perdida en la oscuridad de mi habitación se desvía al instante hacia la ventana y no me podía creer lo que estaba viendo. Un ojo. De la nada, apareció un ojo. Parpadeé 2 veces para asegurarme de lo que estaba viendo. Por suerte solo era mi estúpida imaginación que me había jugado una mala pasada. Aunque no pude evitar encender la luz general y cuando lo hice me sentí más aliviada que nunca. Ya que, no había nada en la ventana, todo estaba normal y en su sitio. Apagué la luz y me volví a sumergir en la oscuridad. Trataba de cerrar los ojos y no pensar en nada, pero ese ojo se colaba entre mis pensamientos. Así que decidí coger el móvil y jugar al quiz up, un estúpido juego de preguntas en el que nunca gano, pero es un buen entretenimiento.

Pasados unos minutos estoy absorta en el juego sin una gota de sueño, es increíble la tenacidad que tenía para seguir jugando a pesar de las 3 partidas seguidas perdidas.

Tic. ¿Por qué esas jodidas piedras en la ventana iban de más a menos?
De pronto una sombra que antes no estaba era iluminada por mi móvil y al parecer estaba detrás de mí. Pero anterior a mí solo está la pared así que no puede ser posible. Sentí un enorme sudor frío caer por mi frente y con todas mis fuerzas luchaba por no temblar y entrar en estado de pánico. Encendí la luz y no había nada, otra vez mi fantástica imaginación me la había jugado. Con mis pensamientos totalmente enfocados en la puerta me olvidé completamente de la ventana. Que sin más se abrió y por ella empezó a asomar una mano. Me senté en la cama, preparada para huir o luchar si era necesario. Esta vez la luz permanecía encendida y no podía ser cosa de mi imaginación.


Reconocí el cuerpo de un hombre, un puto hombre colándose por mi ventana. Tenía ganas de gritar, correr, ir a por la sartén y pegarle lo más fuerte que pueda. Pero cuanto más avanzaba la figura empezaba a reconocerla. Imposible, era mi novio. ¿Qué coño estás haciendo? Le pregunté yo. Una vez dentro me respondió, solo quería darte una pequeña sorpresa mi amor. ¿Una sorpresa o matarme de un infarto?
No sé cómo lo hizo pero enseguida se me pasó el enfado y todos mis temores al estar abrazada junto a él en la cama. Tras varios besos, decidimos que estábamos demasiado cansados para algo más. Y en sus brazos dormí felizmente y a salvo. Felicidad que poco duraría.

Otra vez estaba incómoda, qué asco de cama. Abrí los ojos y lo que me encontré a mi lado es la peor cosa que puede ver una persona normal en su cama por la noche. ¿Dónde está mi novio? ¿Por qué estoy viendo una cosa con tanto pelo y la cara roja? Puede que mi mirada fuera lo que despertara o que simplemente esta almohada era un asco. Pero esa bestia abrió los ojos, miró fijamente los míos y en una sonrisa me desveló una gran hilera de colmillos. Simplemente grité.

Entre sudores y lágrimas me desperté, estaba confusa y empapada, empapada de miedo. Encendí la luz y no había nada. Estaba sola en la habitación y todo estaba como siempre, todo menos yo. Era un mar de lágrimas y me sentía destrozada por dentro. Todo había sido una amarga pesadilla. Ahora era la luz del sol la que se colaba por las persianas, debían ser las 6 de la mañana ya. A la luz del día, las pesadillas desaparecerían. Traté de calmarme, cerré los ojos y empecé a meditar para conseguir que el sueño y la tranquilidad volvieran a mí.


Y en el silencio de la casa volví a escuchar el tic tic que ya me era familiar. No, por favor. Otra vez no dije en voz alta mientras sollozaba.

miércoles, 11 de febrero de 2015

A tres grados bajo cero



Hacía mucho frío, pero yo apenas lo sentía. Mi cara roja era un radiador, estaba demasiado nerviosa y a pesar de que hacía únicamente -3 grados mis nervios me hacían pasar mucho calor. Aquí en medio de la nada, un lugar perfecto para quedar ¿no se me pudo ocurrir nada mejor? A penas hay 5 árboles, algún banco (como para sentarse con este tiempo) y una pequeña fuente, aunque no estaba activa era preciosa, tallada de blanco con diferentes figuras, mujeres, hombres, animales… Por suerte no estaba sola, es más estaba demasiado bien acompañada. Eso me reconfortaba. No podía dejar de mirar el reloj y cuanto más se acercaba la hora más fuerte palpitaba mi corazón. Mis amigas intentaban calmarme en vano. Ya era de noche y lo único que nos alumbraba eran unas pocas farolas que había instaladas, las pocas que funcionaban.

¡Qué incertidumbre, encima llega tarde! Todos esos nervios empezaron a desaparecer, dando paso a un sentimiento de furia. ¿Por qué tiene que tardar tanto? Pensaba yo, sin embargo solo hice terminar esa frase para de repente verle pasar por el umbral de luz. Esa furia dio paso rápidamente a la vergüenza. Mi corazón palpitaba como nunca lo había hecho, esa fue la primera vez que sentí algo así. Se acercaba a paso ligero, pero con cara de no saber lo que se iba a avecinar. Y al fin llegó el momento de la verdad, toda esa realidad virtual daría paso a la verdadera realidad. Intenté mirarle a los ojos pero la vergüenza hizo que cambiara rápidamente de opinión haciendo que no pudiera dejar de mirar al suelo. En lo que se acercaba, no quería que me invadieran un millón de sentimientos, un millón de preguntas sobre si esto era lo correcto así que me dispuse a contar las baldosas. (Lo sé ¿Qué clase de persona hace eso? Sí, fui tonta) Medio minuto después sentía su presencia a mi lado y parecía que el corazón saldría disparado de mi pecho. Subí la mirada del suelo para toparme con unos ojos castaños que brillaban con luz propia, marcados por unas cejas bastante gruesas aunque bien definidas (se había hecho las cejas, supongo que con cera). No pude evitar desviar la mirada y qué mejor que mirar sus labios descaradamente. He de decir que me quedé varias veces embelesada mirando esos mágicos labios. Su expresión facial daba signos de confusión, pero por qué no decía nada y por qué yo tampoco. Convertida en una piedra él comenzó a hablarme y solo conseguí balbucear un simple hola. Por suerte mis amigas estaban aquí para rescatarme. Empezaron a presentarse, y aunque él parecía estar agradado de saludarlas no me quitaba ojo de encima, lo que me sonrojaba enormemente.


De verdad que intentaba mantenerle la mirada, pero esa mirada intensa parecía que vagaba por lo más interno de mi ser, como si con solo mirarme él pudiera conocer mi pasado y futuro.
Terminó de saludar a todas y ahora venía el gran momento de desasosiego ¿Qué íbamos a hacer? ¿Nos separaríamos del grupo? Por favor Dios, no. Me muero de vergüenza. Sin embargo mis rezos no parecieron ser escuchados ya que cierta persona a la que yo llamaba amiga sugirió un paseo íntimo. Un paseo, con ese frío por un parque solitario. No obstante hoy en día le agradezco que lo hiciera. En fin nos dejaron solos a la intemperie como 2 vagabundos que acaban de conocerse y vagaban por el frío de la noche. Al principio simplemente caminábamos, dando vueltas por ese maldito parque, supongo que a él le daba tanto corte como a mí entablar una conversación.

 Pero cuando estábamos lo suficientemente alejados del alcance del grupo me cogió los brazos. Y me llevó a ese banco solitario del que ya he hablado. En ese momento me temí lo peor, vi cómo pasaban por mi mente como imágenes las conversaciones que habíamos tenido por whatsapp durante todo el día se postergaban hasta la madrugada. Me dijo que me sentara, yo lo hice y él se colocó a mi lado. Me había creado demasiadas expectativas de una relación virtual. Estaba a solas con un lunático al que conocía únicamente por chat y desde hace unos días. Este es mi fin, pensaba yo. Pero dulcemente acercó su mano a mi cara, la sujetó y con un te quiero sus labios rozaron los míos. Y de pronto dejé de sentir miedo, en su lugar hubo una explosión dentro de mi ser, la electricidad recorrió todo mi cuerpo haciendo que me estremeciera y supongo que sentí eso que le dicen mariposas en el estómago. No lo entendía, en esos momentos mi cabeza era todo un caos, información revuelta en el espacio del que surgiría un enorme agujero negro. Pero la cuestión principal y en la que estaba centrada mi mente fue...
 
¿Era posible que me hubiese enamorado?

jueves, 8 de enero de 2015

El amor huele a moras

Estoy en mi habitación, sentada en la silla delante del escritorio que se encuentra enfrente del vental. Sobre él hay un papel y un bolígrafo azul. A través del vental se puede ver el parque cubierto por un gran manto blanco. Mi mente empieza a divagar en el pasado, me topo con muchos recuerdos pero el más vivo de todos me llega con fuerza...  Sin pensarlo tomo el boli con mi mano derecha y comienzo a escribir.
Todo empezó por el chat, una amiga me dijo que tenía un amigo que me quería conocer y me envió una solicitud de amistad. Yo pensé- Claro, por qué no. Al minuto de aceptar su solicitud el chico me empezó a hablar. Tras varios días de charlas interminables en los que nos contábamos cada detalle de nuestras vidas. Era como si estuvieramos hechos el uno para el otro, como si nos conocieramos de toda la vida. Enseguida se convirtió en mi mejor amigo. Pasadas unas 2 semanas, me pidió que fueramos novios. En ese momento no sabía si estaba preparada para eso. Me arriesgaba a que todo saliera mal y perder a mi mejor amigo, por otra parte, si todo salía bien... Total, que al final me tiré a la piscina y le dije que sí. Con el paso del tiempo terminé de caer en su red. Sí, me enamoré y ese amor fue creciendo a medida que pasaba el tiempo. Ciega de amor no quería escuchar lo que me decían mis amigas - En realidad no te quiere, solo te quiere por los papeles... Cosas de esas, pero yo no quería creerles. La desventaja de todo esto es que aún no lo había conocido en persona puesto que vivíamos cada uno a un lado del charco.
Ahora me rio cuando pienso en aquellos angustiosos pero apasionantes meses. Después de 14 meses de chat, ambos conseguimos reunir el dinero para ir a un país intermedio y así por fin vernos en persona. Me subí a ese avión sin nada más en mi mente que el objetivo de conocer al amor de mi vida, el chico que me completaba. Tras 5 horas de vuelo el avión había aterrizado, nerviosa sentía que mi pulso se aceleraba y empezaba a sudar así que intenté calmarme, saqué mi perfume favorito y enseguida quedé envuelta en un delicioso aroma a moras. Una vez recogida la maleta tocaba cruzar el pasillo que me llevaría a él. Al final del pasillo había una puerta corrediza automática que cada vez que se abría dejaba pasar la luz del sol. Finalmente me armé de valor y crucé el umbral de la puerta, lo cual me dejó ciega durante unos segundos por la gran fuerza del sol a esas horas. En cuanto recuperé la vista, lo primero que vieron mis ojos fue a él con una gran sonrisa y un ramo de rosas blancas. Me acerqué a él y...
Dejo de escribir, siento un aliento tras la nuca, me giro y ahí están esos labios que tan bien conozco. Alcé la vista, no pude resistirme a esos ojazos y como en un impulso eléctrico le besé. El paso del tiempo no ha hecho que su belleza desaparezca, y su espíritu sigue siendo el mismo que el de aquel chico de 20 años que conocí.
A los pocos meses de conocernos, me sorprendió un día tocando el timbre de mi casa. Vino, para quedarse conmigo. A escondidas hizo los papeles para poder venir a mi país. Consiguió trabajo y un piso de alquiler, vernos casi a diario no hizo que cayéramos en la rutina, al contrario, nos sentíamos cada vez mejor finalmente el uno con el otro. Y acabamos casándonos al poco tiempo.
Dentro de poco celebraremos nuestro 30 aniversario junto a toda nuestra familia incluidos nuestros 3 queridos hijos.
Y es que el amor no conoce de fronteras y mientras sea verdadero jamás habrá que rendirse.

~Querido sugar~