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miércoles, 25 de febrero de 2015

Piedras en la ventana

No puedo parar de dar vueltas en la cama, esta almohada es demasiado incómoda. ¡Puta basura barata! Sin embargo la tranquilidad de la noche me da un margen en lo que es la ajetreada vida para reflexionar. Todo está oscuro, la única luz que mis ojos distinguen es la franja que se cuela por las persianas que proviene del patio de luces.
Tic tic, tic tic. Escucho ese sonido que me altera, parecen piedras en la ventana. Decido no pensar en ello, será el viento, me digo a mi misma para quitarme esa preocupación de encima. Siempre he tendido mucho a la imaginación y en este caso no podría salir nada bueno de ella.
Mi mente se sumerge en los proyectos del mañana, todo lo que puedo hacer que no hice ayer. Pienso en esas frases que una y otra vez nos dicen los triunfadores, el éxito se alcanza con el esfuerzo. Es curioso, el hecho de que si no triunfas te dicen en la cara que no te has esforzado, cuando es posible que hayas sido el que mas empeño haya puesto en lo suyo. Pura suerte, y lo gracioso es que los únicos que dicen que con esfuerzo se llega al éxito son los que han triunfado, ninguno de los que se ha quedado por el camino escucho que lo diga. Pobres desgraciados, algún día se darán cuenta de lo cruel que es la vida en muchos sentidos.

Tic tic. ¿Pero qué narices es ese maldito ruidillo en la ventana? Mi mirada antes perdida en la oscuridad de mi habitación se desvía al instante hacia la ventana y no me podía creer lo que estaba viendo. Un ojo. De la nada, apareció un ojo. Parpadeé 2 veces para asegurarme de lo que estaba viendo. Por suerte solo era mi estúpida imaginación que me había jugado una mala pasada. Aunque no pude evitar encender la luz general y cuando lo hice me sentí más aliviada que nunca. Ya que, no había nada en la ventana, todo estaba normal y en su sitio. Apagué la luz y me volví a sumergir en la oscuridad. Trataba de cerrar los ojos y no pensar en nada, pero ese ojo se colaba entre mis pensamientos. Así que decidí coger el móvil y jugar al quiz up, un estúpido juego de preguntas en el que nunca gano, pero es un buen entretenimiento.

Pasados unos minutos estoy absorta en el juego sin una gota de sueño, es increíble la tenacidad que tenía para seguir jugando a pesar de las 3 partidas seguidas perdidas.

Tic. ¿Por qué esas jodidas piedras en la ventana iban de más a menos?
De pronto una sombra que antes no estaba era iluminada por mi móvil y al parecer estaba detrás de mí. Pero anterior a mí solo está la pared así que no puede ser posible. Sentí un enorme sudor frío caer por mi frente y con todas mis fuerzas luchaba por no temblar y entrar en estado de pánico. Encendí la luz y no había nada, otra vez mi fantástica imaginación me la había jugado. Con mis pensamientos totalmente enfocados en la puerta me olvidé completamente de la ventana. Que sin más se abrió y por ella empezó a asomar una mano. Me senté en la cama, preparada para huir o luchar si era necesario. Esta vez la luz permanecía encendida y no podía ser cosa de mi imaginación.


Reconocí el cuerpo de un hombre, un puto hombre colándose por mi ventana. Tenía ganas de gritar, correr, ir a por la sartén y pegarle lo más fuerte que pueda. Pero cuanto más avanzaba la figura empezaba a reconocerla. Imposible, era mi novio. ¿Qué coño estás haciendo? Le pregunté yo. Una vez dentro me respondió, solo quería darte una pequeña sorpresa mi amor. ¿Una sorpresa o matarme de un infarto?
No sé cómo lo hizo pero enseguida se me pasó el enfado y todos mis temores al estar abrazada junto a él en la cama. Tras varios besos, decidimos que estábamos demasiado cansados para algo más. Y en sus brazos dormí felizmente y a salvo. Felicidad que poco duraría.

Otra vez estaba incómoda, qué asco de cama. Abrí los ojos y lo que me encontré a mi lado es la peor cosa que puede ver una persona normal en su cama por la noche. ¿Dónde está mi novio? ¿Por qué estoy viendo una cosa con tanto pelo y la cara roja? Puede que mi mirada fuera lo que despertara o que simplemente esta almohada era un asco. Pero esa bestia abrió los ojos, miró fijamente los míos y en una sonrisa me desveló una gran hilera de colmillos. Simplemente grité.

Entre sudores y lágrimas me desperté, estaba confusa y empapada, empapada de miedo. Encendí la luz y no había nada. Estaba sola en la habitación y todo estaba como siempre, todo menos yo. Era un mar de lágrimas y me sentía destrozada por dentro. Todo había sido una amarga pesadilla. Ahora era la luz del sol la que se colaba por las persianas, debían ser las 6 de la mañana ya. A la luz del día, las pesadillas desaparecerían. Traté de calmarme, cerré los ojos y empecé a meditar para conseguir que el sueño y la tranquilidad volvieran a mí.


Y en el silencio de la casa volví a escuchar el tic tic que ya me era familiar. No, por favor. Otra vez no dije en voz alta mientras sollozaba.

miércoles, 11 de febrero de 2015

A tres grados bajo cero



Hacía mucho frío, pero yo apenas lo sentía. Mi cara roja era un radiador, estaba demasiado nerviosa y a pesar de que hacía únicamente -3 grados mis nervios me hacían pasar mucho calor. Aquí en medio de la nada, un lugar perfecto para quedar ¿no se me pudo ocurrir nada mejor? A penas hay 5 árboles, algún banco (como para sentarse con este tiempo) y una pequeña fuente, aunque no estaba activa era preciosa, tallada de blanco con diferentes figuras, mujeres, hombres, animales… Por suerte no estaba sola, es más estaba demasiado bien acompañada. Eso me reconfortaba. No podía dejar de mirar el reloj y cuanto más se acercaba la hora más fuerte palpitaba mi corazón. Mis amigas intentaban calmarme en vano. Ya era de noche y lo único que nos alumbraba eran unas pocas farolas que había instaladas, las pocas que funcionaban.

¡Qué incertidumbre, encima llega tarde! Todos esos nervios empezaron a desaparecer, dando paso a un sentimiento de furia. ¿Por qué tiene que tardar tanto? Pensaba yo, sin embargo solo hice terminar esa frase para de repente verle pasar por el umbral de luz. Esa furia dio paso rápidamente a la vergüenza. Mi corazón palpitaba como nunca lo había hecho, esa fue la primera vez que sentí algo así. Se acercaba a paso ligero, pero con cara de no saber lo que se iba a avecinar. Y al fin llegó el momento de la verdad, toda esa realidad virtual daría paso a la verdadera realidad. Intenté mirarle a los ojos pero la vergüenza hizo que cambiara rápidamente de opinión haciendo que no pudiera dejar de mirar al suelo. En lo que se acercaba, no quería que me invadieran un millón de sentimientos, un millón de preguntas sobre si esto era lo correcto así que me dispuse a contar las baldosas. (Lo sé ¿Qué clase de persona hace eso? Sí, fui tonta) Medio minuto después sentía su presencia a mi lado y parecía que el corazón saldría disparado de mi pecho. Subí la mirada del suelo para toparme con unos ojos castaños que brillaban con luz propia, marcados por unas cejas bastante gruesas aunque bien definidas (se había hecho las cejas, supongo que con cera). No pude evitar desviar la mirada y qué mejor que mirar sus labios descaradamente. He de decir que me quedé varias veces embelesada mirando esos mágicos labios. Su expresión facial daba signos de confusión, pero por qué no decía nada y por qué yo tampoco. Convertida en una piedra él comenzó a hablarme y solo conseguí balbucear un simple hola. Por suerte mis amigas estaban aquí para rescatarme. Empezaron a presentarse, y aunque él parecía estar agradado de saludarlas no me quitaba ojo de encima, lo que me sonrojaba enormemente.


De verdad que intentaba mantenerle la mirada, pero esa mirada intensa parecía que vagaba por lo más interno de mi ser, como si con solo mirarme él pudiera conocer mi pasado y futuro.
Terminó de saludar a todas y ahora venía el gran momento de desasosiego ¿Qué íbamos a hacer? ¿Nos separaríamos del grupo? Por favor Dios, no. Me muero de vergüenza. Sin embargo mis rezos no parecieron ser escuchados ya que cierta persona a la que yo llamaba amiga sugirió un paseo íntimo. Un paseo, con ese frío por un parque solitario. No obstante hoy en día le agradezco que lo hiciera. En fin nos dejaron solos a la intemperie como 2 vagabundos que acaban de conocerse y vagaban por el frío de la noche. Al principio simplemente caminábamos, dando vueltas por ese maldito parque, supongo que a él le daba tanto corte como a mí entablar una conversación.

 Pero cuando estábamos lo suficientemente alejados del alcance del grupo me cogió los brazos. Y me llevó a ese banco solitario del que ya he hablado. En ese momento me temí lo peor, vi cómo pasaban por mi mente como imágenes las conversaciones que habíamos tenido por whatsapp durante todo el día se postergaban hasta la madrugada. Me dijo que me sentara, yo lo hice y él se colocó a mi lado. Me había creado demasiadas expectativas de una relación virtual. Estaba a solas con un lunático al que conocía únicamente por chat y desde hace unos días. Este es mi fin, pensaba yo. Pero dulcemente acercó su mano a mi cara, la sujetó y con un te quiero sus labios rozaron los míos. Y de pronto dejé de sentir miedo, en su lugar hubo una explosión dentro de mi ser, la electricidad recorrió todo mi cuerpo haciendo que me estremeciera y supongo que sentí eso que le dicen mariposas en el estómago. No lo entendía, en esos momentos mi cabeza era todo un caos, información revuelta en el espacio del que surgiría un enorme agujero negro. Pero la cuestión principal y en la que estaba centrada mi mente fue...
 
¿Era posible que me hubiese enamorado?