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martes, 2 de diciembre de 2014

Aquella noche, escapé de sus garras



Bajo los fríos copos de nieve mi nariz enrojecía. Era una noche muy fría, demasiado como para caminar por las calles. Caminaba por una amplia avenida pero para llegar a mi destino debía cruzar un parque. ¡Vamos allá, me dije! El parque estaba enteramente blanco, las luces de las farolas formaban destellos en la nieve, ya cuajada desde hace varios días.

Cada vez que doy un paso mis botas hacen resonar el suelo duramente, un sonido que hace que me sienta algo acompañada en la soledad de este parque. Avanzo lentamente por miedo a resbalarme, siempre mirando al suelo. De repente un hombre, serio, vestido enteramente de negro y con demasiada colonia para mi gusto pasa por mi lado y es inevitable un cruce de miradas. Tiene una cicatriz en la parte izquierda de la cara que cruza todo el pómulo, sus ojos oscuros me intimidaro
n y cuando terminó de pasar no pude evitar sentir inquietud. Me giré para visualizarlo de espaldas y me di cuenta de que ralentizó su paso. Me asusté, no sabía si estaba juzgando mal, pero no podía arriesgarme. Intenté acelerar mi paso pero al primer intento casi caigo redonda al suelo.
 
Vuelvo a girarme y el hombre se ha sentado en uno de los bancos y me sonríe, lleva brackets, sin saberlo había sido sentenciada a un final que nunca pensé que me ocurriría a mí. Tan pronto como me giré varias farolas se apagaron dejando el desolado parque iluminado por la luna y las pocas estrellas que la contaminación dejaba ver.

Me intenté girar pero él ya me había cogido por el brazo derecho. Él no llevaba guantes lo que le permitía mantener una sujeción mayor. Traté de gritar pero me tapó la boca con su mano libre. Le mordí con todas mis fuerzas en un instinto de supervivencia. Conseguí que me soltara, pero a las 2 zancadas caí de bruces en el suelo. Supe ahora venía mi terrible destino. Aquel hombre rudo me cogió como a un papel y me estampó contra el banco más cercano.

Yo llevaba vestido por las rodillas y unas medias negras que me cubrían todo el cuerpo. Me quitó el abrigo, para que no me resbalara del banco y a continuación me bajo las medias y las bragas de un solo movimiento. Cuando me quise dar cuenta él estaba a punto de penetrarme. Sin embargo, pasaron fugazmente por mis ojos uno de los videos que nos presentaron en clase, de los síntomas de un ataque de epilepsia. Sin darme cuenta ya empecé a temblar y a salivar. Mis temblores dieron lugar a fuertes sacudidas y los tacones de mis botas acabaron en la cara de mi agresor produciéndole profundas heridas. Aproveché el momento para saltar del banco y en lo que él estaba distraído con sus heridas le propicié varias patadas en el estómago y las piernas. Se derrumbó ante mí en el suelo. Le di algunos puñetazos en la cara, saqué la colonia del bolso y se la eché en los ojos. Posteriormente le hice una foto para denunciarle.

Decidí quitarme las botas y salir del parque lo más rápido posible. Esa misma noche detuvieron a Vladimir Petrovska, hombre que antes de intentar violarme a mí ya lo había conseguido con 4 mujeres más y 3 niñas.
Yo fui afortunada, aunque las demás no corrieron la misma suerte. Pienso que mis reacciones fueron un desencadenamiento de puras casualidades, que sin embargo estuvieron a mi favor.

Nunca permitas que nadie te maltrate